Ayer al levantarme tuve que volver a ir a que me sacaran sangre. Al parecer, algo falló o no bastó, cada rata de laboratorio dice una cosa. Así empezó el día, me quitaron algo que me pertenecía. Y he sentido que terminaba de la misma manera, aunque solo fuese una estúpida sensación.

Después del médico, bien aprovisionados, mi familia y yo hemos decidido ir a la montaña a ver la nieve. Lo cierto es que por aquí no suele nevar, así que cualquier copo pasa a ser adorado cual actor hollywoodiense tras una desastrosa y dolorosa muerte. Supongo que el tacto no es uno de mis fuertes.

Ascendimos hasta unos 1700m de altura, y se dejaron ver restos de hielo, pero nada de nieve blanda. Más bien una broma de mal gusto. Aparcamos bastante lejos del pico, donde esperábamos ver más nieve, así que decidimos caminar hacia allí. Mi gozo en un pozo, la poca nieve que cayó pasó seguramente a convertirse en muñecos de nieve que orgullosamente pusieron los primeros afortunados sobre el capó de sus coches. Así van las cosas.

Ya que no había nieve, era hora de comer algo. Y así lo hicimos. En todo ese tiempo, ni un toque de mi amada Elisa, tampoco de Sara. Extraño, aunque de cierta manera predecible. Elisa y yo no hablamos anoche porque había quedado por la tarde con Sara, y se demoró un poco la cita. El resultado fue que Elisa, que también había quedado con sus amigas, llegó antes y se quedó dormida. Eso siempre hace que los toques sean menos en cantidad. Sí, son las chorradas de los enamorados.

El día parecía transcurrir sin problema alguno. Elisa me dejo puesto en el Messenger que salía por la tarde con sus amigos. Otra vez. Yo casi no tengo amigos, tuve que elegir entre Elisa o mis amigos. No fue una elección que ninguno me pusiera entre la espada y la pared, yo hice esa elección porque no podía compatibilizar. Además, pretendía mudarme, no tenía sentido seguir con mis amigos.

Toda la tarde sin un toque. Extraño. Se da el caso de que ambos sabemos las contraseñas del otro de las cuentas de correo y demás, así que eché un vistazo. Email de su ex. La luz de alarma se encendió. El mensaje no lo escribiré de forma textual. Tan solo decía que la quería "a grosso modo". "Me cago en...!!!" Otra vez él. Nunca la deja en paz.

La ira se movía en mi cuerpo, una ira proporcional a mi desconfianza. Y ambas en aumento. Mi capacidad de razocinio sin embargo disminuía a marchas forzadas. Hasta que conseguimos hablar. Yo como siempre, precipitándome. Mi miedo a perderla, desconfianza por sucesos anteriores de los que yo tuve toda la culpa son los que me llevan a esto.

Hace unos meses, cuando viajé y eliminé de golpe los mil quinientos kilómetros que nos separan a mi y a Elisa, su ex se presentó en varias ocasiones, persiguiéndola de forma casi criminal. Yo no le vi la cara, no gocé de esa suerte. Sin embargo no lo juzgaré por el momento, desconozco sus motivos.

Si puedo juzgarme a mi sin embargo. Dubitativo, con complejo de inferioridad y miedo a estar solo. Idiota hablando en plata. Hoy me he encargado de nublar un día que a pesar de todo, amanecía con ciertos claros. Y todo, por traer a mi presente las nubes del ayer.